El fisioterapeuta que vio la luz

He aquí una historia que se ha repetido a través de los tiempos y con la que te sentirás identificado. Es una de esas historias a la que muchos queremos poner fin (este blog incluido). Una de esas en las que la gente tropieza con la misma piedra generación tras generación, en muchos rincones del mundo. A esta historia la he titulado “El fisioterapeuta que vio la luz”.

Érase una vez un joven llamado Pedro Jesús, “Pedrito” para los amigos, que tras arduos años de estudio, por fin consigue terminar la secundaria y bachiller y pasa con buena nota el examen de acceso a la universidad (allá por el año 2000), lo cuál le permitirá hacer la carrera con la que ha soñado toda su vida… FISIOTERAPIA. «¡Qué máquina es Pedrito, con lo difícil que es acceder a la universidad para estudiar Fisioterapia! ¡olé mi Pedrito!, ¡qué bonita carrera y cuánto que aprender y todo para ayudar a los demás!», pensaron sus padres.

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Deshagámonos de la evidencia

Más de uno habrá leído el título de la entrada y estará pensando «pues sí, mandemos eso de la evidencia al cubo de la basura, que es un dolor de cabeza». Lo siento, pero no voy a ser yo el que diga eso, aunque sí pienso que puede ser un tremendo dolor de cabeza.

He querido escribir este artículo para que podáis ver, en cierta medida, el cómo veo yo la evidencia científica, principalmente destinado a aquellos que me ven como alguien extremista, que no ve más allá de lo que dicen los papeles esos con palabros raros y que normalmente están escritos en el idioma de Shakespeare.

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